Un ser extremadamente bello es incapaz de comprender la belleza,
un ser feo, en cambio puede entenderla mejor al observarla desde lejos
y no tenerla, más aún si desea poseerla
por que se vuelve objeto de su estudio.
Un ser extremadamente bueno,
no comprende el bien,
no comprende bien la bondad y en que radica.
En cambio un ser con maldad puede ver la bondad,
puede desearla o aborrecerla,
verla estúpida o sublime
pero puede, sin duda, comprenderla mejor.
Si un hombre bueno ejercita la bondad siente la satisfacción de estar siendo el mismo.
El hombre malo que ejercita la bondad,
siente contrariedad, comprende en un sentido muy íntimo el alcance de sus actos buenos.
Como yo soy más bien de los segundos,
cuando hago "el mal" ejerzo mi ETHOS (la escencia de mi ser)
comprendo las secretas pasiones que integran el delicado entretejido de mis actos.
No los amo, sin embargo,
los siento resignadamente justificados.
Si en cambio hago "el bien" siento el conjunto en la estrofa anterior descripto punsandome hondamente
y al mismo tiempo, todo lo contrario, en profundo análisis.
9/3/2010
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