Sujetos a ese constante
fluir verde del mundo.
En silenciosos estallidos
y pulsiones de sangre y savia;
Mientras nuestras anodinas vidas
apenas si se enteran de
las acequias de sangre
distribuyendo caudalosos
aluviones presionados por
nuestro noble corazón;
También ajeno a todo entorno cotidiano.
Pasan los días, pasan los segundos,
los autos por la calle, las estrellas
por la cúpula del cielo
una y mil veces,
y se desgañitan los microseres
que desconocemos cuando damos un paso,
cuando masticamos
cuando respiramos
¿cómo es posible vivir abstraidos de
semejante tragedia?
estamos condenados a seguir matando
y muriendo sin saberlo,
siguiendo al desdichado amor por las ciudades
a pelear por nuestros ideales o creencias
ya del todo aislados del fluir
líquido que nos influencia.
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