Lavando los platos ayer pase mi dedo corazón
por un filo perfecto de vidrio seccionado,
causado por las fuerzas contrapuestas de mis manos al lavarlo.
como el vaso, quedo mi piel.
ahora a cada movimiento de mi mano
la herida se abre y sangra, no cicatriza
entonces la cubro para poder seguir lavando platos,
aquello que la vida me pide día a día
pero al estar cubierta se infecta
y ya he notado que la piel que ahí tenía se va a perder
y que sus huellas dactilares no se van a regenerar
una parte de mi identidad se va a desvanecer para
cuando cure la herida, dejando un socavón
y en su lugar una profunda cicatriz de corte de vidrio
yacerá en mi piel para siempre.
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